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diumenge, 3 de novembre del 2013

El mar, de nuevo

El mar, nuestro mar...

Aprovechando este fin de semana largo hemos pasado unos días allí. Vuelvo con las pilas cargadas, como siempre. Al final acabamos igual: preguntándonos porqué no vamos todos los fines de semana... 

Pasear, comer, dormir... los pequeños placeres de la vida. El sol, el mar, la brisa, las olas, la arena... ¡endorfinas a tope!

La abuela no se ha olvidado de sus pequeñas. En el día de Todos los Santos les compró sus flores y los papis nos encargamos de llevárselas. De cada vez me alegro más de haber elegido ese lugar para despedirlas, para hacer sus rituales. La pena, la tristeza, la nostalgia... se hace algo más pequeñas rodeada de tanta belleza. Ese tenía que ser su sitio. Estoy convencida.

Me encanta ir acompañada del papá, ver a nuestros perros corriendo por la arena, rebozándose en las algas, metiéndose en el agua para intentar recuperar las flores que lanzamos... ¡Al final siempre me hacen reír! Y lo agradezco. Nos siento "familia", feliz familia. No siempre es fácil, pero allí sí lo es.

Me olvidé de hacerles las fotos a las flores en su mar, pero sí tengo la del ramo que compró la abuela. Esta vez corté los tallos y las convertí en flores flotantes. Quedaban muy bonitas con el mar en calma. No pasa nada, habrá más ocasiones. Está claro que volveremos.

Hasta pronto, mi mar. 


dimarts, 15 d’octubre del 2013

15 de octubre

Es 15 de octubre, Día Internacional de la Muerte Perinatal y Neonatal. A las 19.00 en cada lugar del mundo se encienden velas en recuerdo a los bebés que murieron durante el embarazo o después del parto, creando así una Ola de Luz Mundial.

Hace algunos años no sabía que este día existía, ni siquiera lo sospechaba. En cambio hoy he leído una decena de textos sobre la muerte gestacional, perinatal y neonatal, los perfiles y muros de mis amigos y amigas en las redes sociales están repletos de lazos azules y rosas, de velas, de fotografías de hermosas mujeres embarazadas o ecografías de bebés que no llegaron a los brazos de sus padres... 

He pasado la tarde leyendo y compartiendo esos textos, contemplando esas fotografías, emocionándome...; eligiendo imágenes para crear un collage y así hacer mi particular ola de luz virtual. He encendido mis propias velas, de florecitas, como no.

A veces me sigue sorprendiendo mi vida... 

Pero esa soy yo. Al fin y al cabo siempre me he implicado en mayor o menos medida en aquello en lo que creía. Ahora creo que es necesario hablar de estos duelos silenciados, hacerlos visibles, porque existen, duelen y necesitamos expresarlos.

Soy mamá de dos niñas preciosas que vivieron durante 20 semanas en mi vientre. Se llaman Júlia y Aina. No pudieron quedarse más tiempo. No podré conocer su sonrisa, ni su llanto, ni si tendrían los ojos de mi abuela, o el pelo ondulado... A veces creo intuir su temperamento, por como se comportaban en mi útero, muy diferente la una de la otra. No podré abrazarlas, ni hacerles cosquillas, ni darles un beso mágico para curar ese golpe en la caída. No podré amamantarlas, ni acunarlas en mis brazos mientras duerman, ni contarles un cuento o cantar una nana. No podré escucharlas llamarme "mamá", ni llamarlas por su nombre para que acudan. No podré llevarlas al parque, al campo, a la playa, descubrir mariposas y hacer hoyos en la arena. No podré conocerlas, no podré verlas crecer...  

Por todo eso y muchísimo más su ausencia me destroza.

Sí, es cierto que he vuelto a sonreír, que he aprendido a vivir sin muchas de esas cosas que hubiera querido tener y no tengo. Soy mamá de manera diferente. He visto a mis hijas en las formas curiosas de las nubes; las he sentido cerrando los ojos y cuando el sol de invierno da en la cara de manera tan agradable; he jugado con ellas cuando el viento sopla o en las olas del mar; he guiñado un ojo a las estrellas para hacer pactos secretos con ellas; las he abrazado y besado a través de su Dou-dou; las he escuchado en muchas canciones hermosas... 

Las amé como a nada en el mundo y así las sigo amando y recordando. 

SIEMPRE, esa es nuestra palabra.

Por y para ellas, Júlia y Aina,
Por y para todos los bebés que se fueron demasiado pronto y sus familias,
Por y para los bebés que, desgraciadamente, seguirán sin llegar a los brazos de sus padres y madres,
Por y para el papá,
Por y para mí,
Enciendo esta luz, hecha con algunas de las velas de estos casi dos años. Como la luz que me envían mis hijas cada día para seguir adelante




divendres, 4 d’octubre del 2013

Retroceder

Hace mucho que no escribo...

Lo he intentado varias veces, pero no salían las palabras. Estaba como en "pause", ni adelante ni atrás. He estado muy activa en otros campos, como mi trabajo. La vuelta al cole, con huelga en educación incluida, ha hecho que esté mas ocupada y con la atención dirigida hacia otros temas. 

Sienta bien esta normalidad, pero me doy cuenta que, de vez en cuando, por muy aceptada que tenga la perdida de mis hijas, necesito volver a mi agujerito y lamer algunas heridas que no han cicatrizado del todo o que se vuelven a abrir.

Necesario no quiere decir fácil. Cuesta volver a las lágrimas, a la tristeza, a la nostalgia... Sentir que la vida se para por unos momentos. También he sentido el hastío, el cansancio, por no poder ver más que muerte donde otr@s ven vida. Suena duro, pero ha sido así. 

He pensado mucho en un nuevo embarazo. Al principio aparece la ilusión pero acabo haciendo un plan de parto para la pérdida. Cuando me anuncian un embarazo no puedo evitar pensar en cuando será el fatal desenlace, en cuando ese bebé se irá y de qué manera voy a poder ayudar a su madre. Me doy cuenta, voy siendo consciente y me recuerdo que no es así, que la mayoría de los bebés nacen y VIVEN.

Intento no juzgarme, no ser dura conmigo misma, entender que es normal, que he pasado por dos experiencias traumáticas y he hecho un gran camino, pero que aún no ha acabado, que seguirá toda mi vida. A veces parece que topo de nuevo con la realidad. ¿Cómo lo explico? Sé que he perdido dos hijas en el útero, lo acepto, pero en ocasiones me sorprende la inmensidad de lo ocurrido, su dureza, lo terrible que es. Es como si la mayoría del tiempo lo viviera de lejos, como una película, y de repente me diera cuenta de que la ausencia es real. Soy incapaz de explicarlo. No quiero dar a entender que no soy consciente de mis embarazos y de mis pérdidas. Imagino que quienes habéis pasado por ello lo comprendéis perfectamente: ese bofetón que te da en la cara cuando menos te lo esperas.

Ese paso atrás, tan temido y tan necesario.

dissabte, 7 de setembre del 2013

Celebrando mi familia

No me gusta dirigirme a mis hijas estando triste. Es curioso como el instinto de protección hacia l@s hij@s aparece, incluso cuando no están físicamente.

Me he despertado a las 8.00, con una especie de sobresalto, como aquel 7 de septiembre de hace dos años... Me sentía rara. Era consciente del día, pero no de que con él había vuelto la tristeza, hasta que lo he dicho en alto (estoy triste) y han aparecido las lágrimas. A veces una se olvida de que el duelo no acaba, que se aprende a vivir con las ausencias, pero la pena sigue ahí y vuelve de vez en cuando. Ya no le tengo miedo a ese dolor, sé que hay que llorarlo, sacarlo fuera, para luego poder volver a sonreír.

Hoy Júlia cumple dos años en mi corazón. Hace 18 que Aina también se hizo su huequecito en él. Por esas causalidades de la vida, el papá y yo cumplimos 10 años juntos, como pareja. Hace diez años que empezamos nuestro proyecto de vida juntos. 

Hemos comprado las flores de nuestras hijas y hemos encendido sus velas. La abuela ha hecho un bizcocho de chocolate para soplar las velas: 10 por nosotros y 2 por nuestra hija mayor.





Ahora voy a prepararme, a ponerme guapa, para ir a nuestro lugar especial a celebrar nuestra vida juntos. Ha resultado ser bastante diferente a lo que imaginamos, pero está llena de amor por nuestra familia, Una familia especial pero bonita, a pesar de todo...

Amo a mi familia y quiero celebrarlo.


dijous, 15 d’agost del 2013

Noelia Sánchez: Recordar para no olvidar

Uno de los grandes regalos de mis hijas ha sido poner en mi camino a personas maravillosas. Personas sensibles, sabias, valientes,... de las que poder aprender. Una de ellas es Noelia Sánchez

Tuve la gran suerte de compartir un día con ella en Barcelona, en una reunión de Petits amb LlumUma Manita y SUA. Una reunión más que interesante y una comida, con sobremesa incluida, más que agradable. Pude conocer también a Miguel, su pareja, y a Adai, su segundo hijo, un bebé arcoiris con una sonrisa que ilumina y un brillo especial en los ojos. Un viajecito en coche hasta Sans (mil gracias por acompañarme) me dio la oportunidad de conocer también, mediante sus palabras, a Cora, su primera hija, su bebé de luz. ¡Qué bonita familia!

No hemos vuelto a vernos (aunque espero hacerlo en breve) pero la sigo, en silencio, en la distancia. ¡Las nuevas tecnologías tienen su parte buena! Me engancho a todo lo que escribe, me emociona, leo y releo sus textos, me identifico con muchos de sus pensamientos, de sus sentimientos... ¡Eso, eso es lo que yo siento!, me digo. Envidio y admiro esa manera tan bonita, tan sencilla, de escribir, de contar, de explicar... 

Hoy comparto aquí su ültima colaboración en la revista online Mirar al cieloRecordar para no olvidar

El primer párrafo ya me ha "tocado": 

Recuerdo a mi hija porque quiero.

Eso no me hace ser una persona triste, ni infeliz. Yo estoy viva. Ella no. Lo sé, y lo acepto. Me gusta mi vida. La disfruto cada día y lo seguiré haciendo mientras tenga energía.

Podría resaltar muchas partes más, pero mejor que lo leáis entero, vale la pena. Esa misma podría ser yo. 

Soy feliz y recuerdo a mis hijas cada día. No es incompatible una cosa con la otra, al contrario. Júlia y Aina han provocado que disfrute mucho más de mi vida, preocupándome menos por tonterías y viviendo intensamente lo que merece la pena.

Como le decía en el post, olvidar no es una opción, ¡es imposible! Aunque quisiera, que no es el caso, un embarazo es un acontecimiento tan importante en la vida de una mujer que se convierte en imborrable.

Las quiero, amo a mis hijas, no quiero olvidarlas, no puedo olvidarlas. Y soy feliz. 

Las recordaré siempre, para no olvidarlas nunca.

dimecres, 14 d’agost del 2013

Un siempre en el jamás

He repetido muchas veces como la maternidad me ha cambiado, a veces sin darme cuenta. Es como si me hubieran dado unas gafas nuevas para mirar el mundo y que me permiten, especialmente, ser consciente de los momentos mágicos que tiene la vida. ¡Y disfrutarlos!

Uno de mis libros favoritos de los últimos años es La elegancia del erizo de Muriel Barbery. Lo descubrí por casualidad en uno de los viajes más especiales que hemos hecho el papá y yo, hace unos 5 años. En ese momento me encantó y lo he releído varias veces. Hace unos días se lo presté a una de "mis mamás mariposa" y algo me llevó a abrir la última página:

"Pero sé que nos hemos parado en seco los dos y hemos respirado hondo, dejando que el sol nos calentara la cara y escuchando la música que venía de arriba.
(...) 
Pensando en esto esta noche, con el corazón y el estómago hechos papilla, me digo que a fin de cuentas quizá sea eso la vida: mucha desesperación pero también algunos momentos de belleza donde el tiempo ya no es igual. Es como si las notas musicales hicieran una suerte de paréntesis en el tiempo, una suspensión, otro lugar aquí mismo, un siempre en el jamás.
Sí, eso es, un siempre en el jamás.
(...)
Pues, por usted, a partir de ahora buscaré los siempres en los jamases.
La belleza en este mundo."

Y me conmoví. Fue uno de esos momentos mágicos: un siempre en el jamás.

Porque esa soy yo pues, por mis hijas, estoy buscando los siempres en los jamases. Porque en la belleza de este mundo es donde puedo encontrarme con ellas.

dimarts, 23 de juliol del 2013

La felicidad de los demás es también mía

Mi hermano y su mujer anunciaron su boda poco después de perder a Aina. Fue muy duro: mi mundo se había parado y no podía entender que la vida pudiera seguir para el resto. No podía evitar sentir una rabia irracional hacia ellos. No tenía que ver con su boda, sino con el hecho de haber perdido a mis hijas. Necesitaba enfadarme con algo, con alguien, como una manera más de exteriorizar ese dolor y esa rabia porque mis hijas no estaban conmigo y su boda fue la "excusa" perfecta. 

Escribí sobre ello hace un año en La felicidad de los demás y ahora puedo decir que sí, que ya soy capaz de celebrar. 

Se casaron el sábado pasado. Ha sido un año de preparativos de boda en los que yo también he ido evolucionando. Pasando por la rabia, la culpabilidad, el hastío, la indiferencia,... la aceptación y, finalmente, la ilusión y la alegría. Disfruté de su día y de los previos como la que más, me contagiaron su propia ilusión. Pero también intuyo que ha sido así porque en su momento me permití tener pensamientos más negativos, sin forzarme, intentando entenderme y perdonándome siempre. Porque como dice una querida compañera: en el duelo no existen los "tienes que" ni los "debes de". Todo llega en el momento adecuado.

En esa entrada del blog que os comentaba anteriormente mi hermano me escribió en ese día tan importante quiero que estén junto a nosotros de alguna manera y lo estuvieron. ¡Mis hijas estuvieron en la boda de sus tíos!

Pusieron una de nuestras canciones Mar, el poder del mar y mi hermano me leyó una carta de la que os traduzco un trocito:

Este ha sido un año complicado para ti por la pérdida de las niñas. Pero al final, como siempre nos has mostrado tu fortaleza. Por esa fortaleza que muestras en todo momento me gustaría parecerme a ti. 
Estoy seguro de que conoces estas canción: Mar, el poder del mar, donde están tus hijas, Júlia y Aina, que no podían faltar en esta celebración, junto a su compañero peludo Foskito.

Y a todo esto le acompañaban sus flores, junto con la de nuestro amigo de cuatro patas:


No sé si podréis imaginar la emoción que me invadía en ese momento. Escuchar los nombres de Júlia y Aina delante de todos los invitados, dándoles identidad como parte de nuestra familia, ver como la gente se emocionaba conmigo... Algunos se atrevieron a preguntarme cuando nunca antes habían hablado de ello conmigo... Pero lo que más me emociona es que mi hermano y mi cuñada les dedicaran un trocito de su día a mis hijas. Es un regalo tan grande, que el abrazo que les di no basta para agradecerlo.

Júlia y Aina tienen unos tíos maravillosos.

diumenge, 7 de juliol del 2013

Ariadna

Ayer estuvimos en el cumpleaños de Ariadna. ¡Dos años, ya!

Es una niña muy especial para mí porque, además de ser la hija de mi gran amiga, me conecta mucho con mi maternidad, con mis hijas.

Su mamá y yo fuimos a comprar la prueba de embarazo juntas. La mía fue negativa, pero la de su mamá mostró esa hermosa rallita que tanto nos emociona. Fui tan feliz...

Hace dos años, cuando nació y fuimos a conocerla, Júlia ya me acompañaba. ¡Qué bonita era y sigue siendo! La gente me decía que en unos meses me tocaría a mí. Por un lado me encantaba escucharlos pero, por otro, no lograba imaginarme con una pequeña personita en brazos... 

Ariadna fue el primer bebé que vi, el día después de perder a Júlia. Su mamá no estaba muy convencida, pero yo necesitaba verla y comprobar que es posible, que los bebés también viven y crecen. En mi duelo me ayudó a ver que la vida no se había parado.

Compartí con Aina la ropa que su mamá había llevado con Ariadna en su vientre. Al fin se la he devuelto, más de un año después. Necesitaba sacarla de casa, es una manera simbólica de aceptar mi vida como es y no por lo que puede ser. Ahora no la necesito.

Embarazada de Aina me permití hacer algunos planes: pensar que la ropita que llevaba Ariadna de bebé, la llevaría más tarde mi pequeña. Tenían que llevarse un año de diferencia.

No olvidaré su primer cumpleaños, en pleno duelo por Aina, las lágrimas y el abrazo de su mamá cuando me vio llegar. No sabia si asistir. Encontrarme con otros bebés que me recordaría constantemente que yo debería estar allí también con mi hija.

En este segundo cumpleaños también han estado esos bebés, ya no tan bebés, y no ha dolido su presencia. He recordado a mis hijas, cómo no, pero sabía que no debía estar allí con ellas, porque esa es otra vida.

Me emociono al pensar cómo será mi vida en su tercer cumpleaños... Sea como sea, será la mía. 

dimarts, 2 de juliol del 2013

Y llegó el día

De vez en cuando me vienen las ganas de escribir: abro una nueva entrada, plasmo algunas ideas y luego la dejo. La entrada queda inacabada para retomarla días o semanas después. Esas ganas de escribir suelen venir al terminar un día especial, como hoy.

No lo teníamos planeado, para variar: el papá ha propuesto ir a pasar el día al mar de mis hijas y a eso nunca me niego. Un niño del cole me regaló el otro día un ramo de flores, causalmente con tres gerberas rojas, así que las hemos llevado: para Júlia, para Aina y para Fosc (esa playa también era muy especial para él, para toda la familia).

Como siempre, cargando pilas: el paseo, el baño en el mar, jugar con los perros, tomar el sol, rebozarse en la arena... ¡Las endorfinas a tope! Miro hacia atrás y nunca creí que volvería a sentirme así de bien después de perder a mis hijas. Pero sí, sí se puede.

Aunque este no era el motivo de esta entrada.

Al llegar a casa he sentido esas ganas de escribir y he revisado los borradores. He encontrado uno de hace unos meses que no había acabado ni publicado. Hoy es el día de hacerlo porque especialmente hoy lo siento asi.

Y llega el día en que lo ves todo claro...

Han sido meses de sí y no, de arriba y abajo, de dudas y certezas. No ha sido fácil, pero lo he conseguido. Ahora sí, ahora ya soy capaz de enfrentarme a ello: un nuevo embarazo.

Me he dado cuenta de las ganas que tengo de sentir vida dentro de mí, de nuevo.

Sé a lo que me enfrento, pero ahora me siento fuerte para caminar de la mano de la ilusión y el miedo.

Y añado.

No pensé que este día llegaría, que sería capaz de volver a creer que es posible, que una nueva vida puede llegar para quedarse. Supongo que ahora es "fácil" porque aún no estoy embarazada y los miedos intensos, la posibilidad de la pérdida real, no existen. Pero este es el estado emocional que necesitaba, que necesitábamos para empezar. Sin prisas, sin calendarios, sin tiempo... Sólo con amor.

El resto no depende de nosotros. Aceptarlo ha sido también un descanso, una descarga de tensión y presión. Algo que me recuerda a la libertad...

Sigo dando grandes pasos...

dissabte, 29 de juny del 2013

Taller de duelo perinatal

Hace un par de semanas tuve la gran suerte de ser invitada a un taller de duelo perinatal para personal sanitario. Lo impartían dos matronas: Cristina Triviño y Beatriz Martín. Simplemente: me encantó. 

Fueron cinco horas intensas, mágicas y emocionantes, sanadoras. No voy a contar aquí muchas de las cosas que allí se hablaron, especialmente las que hacen referencia a historias de madres y padres y sus bebés que se fueron demasiado pronto. Pero si me gustaría compartir cómo lo viví.

Para empezar, es una alegría enorme que se ofrezca este tipo de formación para los profesionales sanitarios. ¡Hace tanta falta! No podemos depender de las habilidades sociales que tenga la persona que nos atiende, de su sensibilidad, su empatía... Es necesario que matronas, ginecólog@s, enfermeras, celadores... se formen para saber acompañar a una familia que acaba de perder a su hijo, hija, hijos o hijas.

El contenido me pareció muy adecuado, aunque cinco horas únicamente te dan la oportunidad de hacerte una idea de lo que es el duelo y qué necesitamos las familias que nos enfrentamos a ello. Pero me gusta pensar en positivo y creo que estos son los primeros pasos de lo que está por llegar. 

Quiero agradecer enormemente a Cristina y Beatriz que contaran conmigo, que me permitieran intervenir tanto, que fueran tan sensibles y respetuosas, que se dediquen a poner voz a los padres, madres y sus bebés. Agradezco que cuenten con la presencia de una madre que ha vivido la experiencia, que cuente su historia real, con palabras y gestos reales, con bebé reales, con su propio nombre... Es necesario para conocer la pérdida desde el punto de vista de la familia. También agradezco a las asistentes que quisieran dedicar parte de su tiempo a saber, a conocer, a formarse, para poder acompañar mejor.

Para mí fue muy importante acudir como mamá de Júlia y Aina, me ayudó a darles más identidad, si cabe. Me sentí escuchada, arropada, entendida... Pude también escuchar y entender desde otro punto de vista. Me ayudó a ver la parte más humana de las profesionales sanitarias y ha hecho crecer la confianza hacia ellas y ellos. Es muy importante para mí a la hora de enfrentarme a un nuevo embarazo. 

Agradezco las muestras de cariño recibidas, las personas que se acercaron a darme las gracias, que se quedaron al final para hacerme más preguntas, que querían conocer aún más... Aunque yo no tenga la respuesta a todo, sólo tengo mi experiencia, mi duelo, mi vida y lo aprendido con las mamás del rinconcito. Cada pérdida  y la manera de enfrentarse a ella, es un mundo.

Recibí mucho. Fue además muy importante en lo personal, porque me reencontré con personas que estuvieron presentes en mis dos pérdidas. Me sorprendió que me reconocieran. Lo que pasó me lo quedo para mí, pero fue realmente mágico. Tuve la oportunidad de agradecer, de perdonar, de abrazar, de emocionarme...

Me siento orgullosa de mí y de mis hijas por todo lo que me han enseñado. Pude ser consciente de lo elaborado que tengo el duelo y como he integrado todo lo vivido. Forma parte de mí, de mi vida, ya no duele. Soy capaz de hablar de ello con total entereza, con naturalidad, desde el amor por Júlia y Aina. Miro hacia atrás y me sorprendo al ver el gran camino que he hecho. 

Esta experiencia ha sido un gran regalo totalmente inesperado de mis hijas. La vida no deja de sorprenderme. Y me gusta.

No dejo de sentirme afortunada y se lo debo a ellas, a mis pequeñas florecitas.

divendres, 21 de juny del 2013

De vuelta

Estoy oficialmente de vuelta a mi mundo virtual.

Hace ya una semana, pero he estado tan ocupada que no encontraba el momento de sentarme y escribir. ¡Hay tanto por contar! Pero hoy me centro en el motivo de mi descanso.

Cuando decidí hacer el parón me preguntaba muchas veces ¿qué me apetece hacer?. A veces no hace falta buscar respuestas, la vida misma te va mostrando caminos. También pensaba que tenía mucho tiempo por delante, muchas horas para estar sola. Pero no ha sido así, ¡me falta tiempo!

Para empezar, me está apeteciendo cada vez más poner orden en casa. Aquellas cosas que no he hecho en mucho tiempo. Le contaba a la psicóloga que esto me ayudaría a poner orden también en mi cabeza. Ella me explicaba que quizás era al contrario: el orden que he puesto en mi cabeza me permite poner orden en casa. 

Por otro lado, me he dado cuenta de que lo que me gusta, que lo que me hace disfrutar, son las cosas más sencillas. La naturaleza: el mar, el campo... Tumbarme en una toalla sobre la hierba, leer, cepillar a los perros, dar un paseo... Cocinar, "crear", para la cena con el papá, hablar, reírnos, amarnos... Estar en familia. Salir o tomarme/nos un café con los amigos. 

Tengo algún que otro plan, futuro. Retomar el inglés, que lo tengo olvidado. Desempolvar la reflex y aprender a usarla de una vez. Bailar, ¡me gusta bailar! Aunque son ideas que están allí, no quiero hacer muchos planes. Me gusta improvisar, que la vida me sorprenda. Me viene muy bien mantenerme en un cierto desequilibrio, sin controlar excesivamente. Me estoy sintiendo cómoda así.

Tengo las herramientas necesarias para enfrentarme a la duda, al miedo, a la incertidumbre, a la muerte...

Mis niñas, mi maternidad, va conmigo de la mano. Me acompaña.

Vuelvo a tener ilusión de verdad.por la vida.

dimecres, 22 de maig del 2013

Hasta luego

Volvemos a reorganizar nuestra vida.

El papá ha vuelto a trabajar. ¡Qué alegría! Lo peor es que va a pasar muchas horas fuera de casa. Le voy a echar mucho de menos, pero me vendrá bien.

Por un lado, volver a responsabilizarme de aspectos cotidianos que llevo mucho tiempo sin atender. Por otro, aprender a estar sola de nuevo, a saber ocupar mi tiempo con cosas que me gusten. Nunca pensé que mi vida cambiara hasta ese extremo. No sé qué quiero hacer con mi tiempo libre. Ya no recuerdo qué me hacía disfrutar, probablemente porque ya no son las mismas cosas.

Desde que Aina nos dejó he dedicado el tiempo a solas a un mundo marcado por la maternidad, con y sin pérdidas. Cuando el papá está en casa tira de mí y hacemos otras cosas. O incluso soy yo quien propongo, pero porque él está presente. Temo que ahora que no va a estar acabe refugiándome en el mundo virtual y me pierda todo lo bello que hay a mi alrededor. 

Además, tengo un trabajo que me encanta, pero que también es muy maternal. Y si lo sumamos a estar en período de "búsqueda" (por llamarlo de alguna manera), es una bomba. Me estaba empezando a obsesionar con la nueva maternidad y no quiero. 

No reniego de la maternidad. Soy madre, orgullosa madre, y mis hijas me acompañan en todo momento, aunque sea de manera especial. No pretendo olvidarme de ellas, ni quiero, ni puedo, pero necesito llenar mi vida de otras cosas. Es una cuestión de bienestar, incluso de salud, diría.

Es por ello que me despido durante un tiempo (cortito). Tengo algunos planes en mente, aunque prefiero ir improvisando. ¡A ver qué surge! Ya os contaré en unas semanas.

No es un adiós, ni mucho menos. Tengo cositas pendientes de hacer en mi mundo virtual, pero ahora no son prioritarias. Así que: ¡Hasta luego!

Gracias por acompañarme en mi camino. Espero encontraros a la vuelta.

diumenge, 12 de maig del 2013

Un pueblecito de la costa

Mis padres compraron una casa al lado del mar. Recuerdo cuando toda la familia fuimos a verla para decidir si se hacía o no la compra. Yo estaba en la terraza de la casa, pidiéndole a una canica, mi bolita mágica, que mis padres aceptaran quedarse con ella. No sabéis la alegría que tuve cuando dijeron que sí. No podia imaginar lo especial que iba a ser ese lugar en mi vida.

Recuerdo correr por el bosque, pasear por las rocas del muelle, jugar con las olas del mar...

El disgusto se lo llevó mi padre, años después, cuando mi interés por ese pueblecito cambió. Ya no me apetecía la tranquilidad del lugar. La adolescencia tiene estas cosas. Aunque siempre me ha servido como lugar de retiro, sentarme a la orilla del mar, escribir, pensar, llorar... Si ese mar hablara...

Pero el tiempo pasa, las aficiones, los gustos y los intereses cambian. Conocí al papá y ese precioso pueblecito empezó a ser especial para nosotros. Después de un fin de semana maravilloso allí, decidimos empezar una vida como pareja. Hemos disfrutado de bonitos días de familia humano-animal. ¡Tenéis que ver lo bien que lo pasan Nano y Truc! La de veces que hemos dicho que si el trabajo no estuviera tan lejos viviríamos allí.

Sobre todo se ha convertido en un lugar ligado con mi maternidad. ¡Menudos paseos y baños nos hemos dado Júlia y yo en sus playas!

Pero sobre todo, está ligado con Aina.

Fue allí donde llego la ansiada menstruación que me daba "luz verde" para intentar de nuevo la búsqueda.

Fue allí donde la concebimos.

Fue allí donde, después de un paseo con llanto, me senté en esa terraza y le escribí estas palabras, sin saber que ya había llegado a nuestras vidas. Escribí una entrada con ellas 08/11/11 o una intuició, y hoy os la dejo traducida:

No sé a quién escribo. Ni siquiera sé si empiezas a existir. ¡Ojalá!
Me da cosa ilusionarme. Tengo miedo. Estoy contenta. Son mezclas de sensaciones.
Me gusta pensar que quizás existes dentro de mí, pero no quiero creer que sea así.
No quiero ser impaciente porque sé que llegarás. Pero no puedo evitarlo.
Imaginarte...
¿Algún día llegarás? Se hace extraño pensarlo. ¡Me apetece tanto!
¿mi cuerpo cambia realmente o es mi imaginacion?
¿Son las ganas? ¿La impaciencia?
Fue madre un momento y ahora ya no. Es tan extraño...
Te echo de menos y no te conozco. Ni siquiera eres.
El mar me recuerda a ti. No es un Tú personal, es una idea de ti.
Quizás ni te guste el agua.
Quizás me recuerde a mí.

Fue allí donde nos dimos largos paseos, ya consciente de su existencia.

También hubo momentos malos, de ansiedades y miedos de perderla.

Por ello fue allí donde elegimos despedirla, junto con su hermana, donde hemos hecho gran parte de los rituales especiales para ellas.

También allí es donde he decidido reconciliarme conmigo misma, con mi cuerpo, corriendo y nadando desnuda en ese mar, saltando en el agua, riendo y gritando, sintiéndome viva, parte de esa preciosa naturaleza y disfrutar de esta vida que tengo ahora, sin pensar más allá. 

Soy mujer, soy poderosa, me repito.

La bolita era mucho más mágica de lo que yo podía imaginar.

diumenge, 5 de maig del 2013

Cada día es el Día

Imposible no tocar el tema hoy: el Día de la Madre.

Me he estado informando y parece que la celebración de este día no tiene un origen tan comercial como yo pensaba. Podría poner los enlaces aquí, pero ya me iría del tema. Así que si os interesa saber más, sólo hace falta teclear al señor Google y elegir entre las miles de páginas que os ofrece.

Sea como sea, el día sigue sin gustarme. Quizás sus orígenes estaban bien pensados, pero los humanos acabamos por quitarle el sentido a muchos momentos bonitos. Hay demasiado gran almacén detrás intentando lucrarse. Y ya me hacen picar en navidades...

Lo que sí he echado de menos, como el pasado año, ha sido una felicitación. Sería un gran regalo y ¡gratis! Pero claro, mis hijas no están para dármelo en persona y hace un tiempo que no estoy tan sensible a sus señales. O será que en el cielo no saben de calendarios y ese empujoncito que necesito me lo mandarán cualquier otro día.

Al fin y al cabo cada día soy su madre.

Creo que al final me ha podido el Día. Se han hecho más visibles las ausencias y las ganas irreprimibles de sentir el calor de un pequeño cuerpecito en mis brazos. Me repito mil veces lo afortunada que soy y me creo, pero no me consuela. 

Ahora ya no es el duelo el que habla, sino el deseo por esa nueva maternidad que no llega. Es el desencanto por mi cuerpo que sigue fallando, aunque intento con todas mis fuerzas confiar en él (de nuevo la amenorrea, de nuevo la espera). Intento dejarme llevar y delego la responsabilidad en la nueva vida, que venga cuando quiera, cuando esté preparad@, cuando sea su momento..., echando mano de la dosis de paciencia de emergencia, pero se me está acabando.

Hoy me permito un día menos bueno, algo triste, apático... Mañana volveré a remontar, como he hecho siempre, con energías renovadas, para volver a creer.

Felices días, cada día, a TODAS las madres.

diumenge, 28 d’abril del 2013

Fortaleza

Muchas veces he escuchado a madres que han perdido a su bebé como dicen que "deben ser fuertes". Pero, ¿qué quiere decir esa frase? ¿A qué se refieren? ¿Qué significa?

A veces me da la impresión de que es como una imposición (¿de quién?). No permitirse estar mal, llorar, sentir rabia... ¿Por qué? Y sobre todo, ¿para qué? ¿Cuál es la finalidad? Si pudiéramos elegir lo que sentimos, siempre nos quedaríamos con las emociones positivas, ¿no? ¿O hay alguien que diría No, yo prefiero estar enfadad@ todo el día?

Entonces, si no elegimos lo que sentimos, ¿por qué no podemos exteriorizarlo? ¿No será mejor sacarlo fuera que intentar luchar contra ello? Porque, al fin y al cabo, ¿a quién beneficia que no lo hagamos?

¿Dónde está la línea que separa el permitirse sentir con el sufrimiento elegido?

No soy ningún ejemplo, no tengo la única razón, ni la solución. No soy psicóloga, ni lo intento. Soy una madre que ha perdido dos hijas en el útero y sabe lo que le ha funcionado.

Intenté ser eso que dicen "ser fuerte" después de perder a Júlia: seguir adelante como si lo ocurrido fuera un hecho puntual en mi vida. Pero no sirvió de nada. Cuando Aina nos dejó fui realmente valiente, porque fui capaz de enfrentarme cara a cara con el dolor, vivirlo intensamente, sentirme vulnerable, muerta, perdida... No hay valentía sin miedo y yo tuve mucho: a no volver a ser la misma, a no recuperarme nunca, a perderme y no encontrarme jamás, a que la tristeza se apoderara de mí, a perder mucho más que a mis hijas... Pero eso no ha pasado.

Para mí esa ha sido mi fortaleza: permitirme sentir, llorar mucho, enfadarme con la vida y con el mundo y a pesar de ello, seguir adelante, buscar la ayuda necesaria, intentar ver todo lo positivo de la experiencia,  aprender de ello, encontrarle un sentido, sin olvidar lo ocurrido, darle la importancia que para mi tiene, siendo sincera conmigo misma...

No soy la misma que era antes. Me he redescubierto, me he recuperado, me he recompuesto... Soy feliz y estoy orgullosa de mi misma porque, en mi debilidad, he encontrado mi fortaleza.

dijous, 18 d’abril del 2013

Historia de un cojín

Estoy vaga, vaguiiiiiiísima, con las tareas de la casa. Tengo que reconocerlo. La verdad es que nunca han sido mi fuerte, pero últimamente ¡qué pereza me dan! Por suerte o por causalidad (he retirado la palabra "casualidad" de mi vocabulario), el tiempo atmosférico ha decidido ponerse de parte de mi casa y ha provocado que tenga que poner, al menos, orden en los armarios. Eso o me resignaba a asarme en los jerséis de cuello alto. De todas maneras, bienvenido sea el solecito.

Tiene su encanto eso del "cambio de armario". Descubres prendas de ropa, zapatos y demás que no recordabas. ¿También os pasa? Hace hasta ilusión pensar en ponértelo de nuevo. Muchas de las prendas traen consigo un recuerdo de lo vivido el año o años anteriores. Inevitablemente mis recuerdos de la temporada primavera/verano de los dos últimos años están ligados a mis hijas, con Júlia y sin Aina.

Qué razón tenía Mónica Álvarez en el artículo que compartí en una entrada anterior: los hijos marcan tu historia. Dejan huella incluso en aspectos tan cotidianos como la ropa que nos ponemos: la camiseta que tanto me gustaba porque dejaba entrever mi vientre y que ahora marca una barriguilla que no me emociona tanto, el pantalón que dejé de llevar porque no lo podía abrochar, el vestido que llevaba el día que me despedí de Júlia, alguna ropa premamá que me prestaron y que aún no he podido/querido devolver... 

Una parte de nuestra historia ha quedado impregnada en esa ropa y no sé si podrá irse, por muchas lavados que sufran. Me pregunto que haré con ellas cuando ya no me las ponga. Esa prendas no sirven para trapos... 

Me ha emocionado especialmente reencontrarme con el cojín de lactancia. Estaba en el altillo del armario, esperando en su "casita" de plástico, junto a las cajas de los zapatos y sandalias. Realmente sabía que estaba allí, pero verlo de nuevo...

Debía estar acabando el primer trimestre del embarazo de Júlia. Solía dormir bocabajo, pero mi barriga se hizo evidente muy pronto y me sentía incómoda en esa postura. Entre la incomodidad y mis temores, no había manera de conciliar el sueño. Pensé que si arreglábamos lo de la postura, quizás el resto... La verdad es que funciona, no quitó el miedo, pero me ayudó a sentirme cómoda de lado. Es curioso pero ya no he vuelto a dormir bocabajo, incluso sin cojín.

Fuimos a comprarlo mi madre y yo. ¡Con las ganas que tenía mi madre de comprar cositas para el/la nieto/a! Ya sabéis que yo era muy reticente a las compras, pero eso no era propiamente para el bebé, al menos de momento. Aunque esperaba que mi hij@ lo utilizara algún día.

Llegamos a la tienda y pedimos, mientras miro de reojo la ropita de bebé. Aún no, es demasiado pronto, me digo para mí. ¿Por qué me cortaría las alas yo misma? No hacía falta comprar nada, pero me hubiera gustado permitirme mirar, imaginar e ilusionarme. ¡Era mi primer embarazo!

La dependienta de la tienda nos pregunta ¿es para niño o niña?. Es eso tan importante para un cojín de lactancia?, me pregunto. Es que sólo me queda uno y es rosa, nos aclara al ver nuestras caras de asombro. No importa, ¡es para mí!, le digo riendo. Quizás fuera causalidad...

Tengo que reconocer que lo del rosa y el azul me pone de los nervios. Me alegré incluso de que fuera rosa, porque yo imaginaba que sería niño (no me ganaría la vida como adivina) y esa era una buena manera de rebelarme contra ello. Aunque al final, sin pretenderlo, he caído en la tentación y elegí el rosa para las flores de mis hijas. Será que de tanto rosa y azul de generación en generación se ha quedado grabado en el ADN.

Y con ese cojín compartimos noches Júlia y yo. Al irse lo compartió con su hermana. Seguí un tiempo durmiendo con él también después de su partida. Ya me había acostumbrado. Noches mejores y peores, algunas de insomnio, viendo la tele. ¡Qué difícil era darse la vuelta! En verano, con Júlia, no hubo problemas, pero durante el invierno, con Aina, entre nórdico y cojín, cada vez que me movía destapaba al papá. ¡Pocos resfriados ha tenido!

Esta entrada tiene muchas etiquetas. Un simple cojín me ha trasladado a los días con y sin Júlia, con y sin Aina. Me deja con una sonrisa (y algo de nostalgia) para irme a la cama, sin cojín. De momento no hace falta.

Os dejo una fotito del susodicho. Sé que no hace falta, quién más quien menos sabe lo que es. Pero, ¿a que no sabíais que con él también se pueden escribir? Os dejo la J de Júlia. Al fin y al cabo es su cojín.

dijous, 11 d’abril del 2013

Mi gran amiga

Los padres y madres que hemos perdido a nuestros bebés pensamos que sólo nos puede entender quién ha pasado por ello. Quizás sea así, nadie que no haya sentido ese dolor antes puede saber a qué nos enfrentamos. Pero eso no significa que no sepan acompañar como merecemos.

Tengo una amiga, una gran amiga, que no sabe qué es perder un hijo en el vientre (y deseo que nunca lo sepa). Pero ha estado ahí, a mi lado, incondicionalmente, incluso cuando he necesitado mi espacio. Ha sabido anteponer mis necesidades a las suyas, ha dejado de lado sus creencias, su manera de ver las cosas y simplemente ha escuchado la mía, sin juzgarme, adaptándose a mis cambios. Ha confiado en mí y en mi capacidad de seguir adelante, ha dejado de lado los consejos, las críticas y las opiniones. Ha aceptado a esta nueva yo con los brazos abiertos, me ha reconocido como madre y a mis hijas como tales, sus "sobrinas". ¿Y aún así se atreve a dudar de si ha estado "a la altura"? 

La admiro. La quiero. 

Ayer estuvimos juntas y me dio su regalo. Ese que hace tanto tiempo que viene preparando, preguntándose si es el momento o no de darlo... Todo llega en el momento adecuado.

Un papel de regalo de mariposas, con una preciosa tarjeta: un librito con mil detalles, solapas, desplegables... En cada espacio un escrito para mí, para Júlia, para Aina. Incluso algún lugar vacío para continuar la historia, nuestra historia...


Un móvil hecho por ella con todo tipo de significado: la rama (natural, de la tierra, fuerte, sosteniendo...), de la que cuelgan piedrecitas de colores (que dejan pasar el sol e iluminan el entorno), las dos flores (una rosa y la otra anaranjada) con un cascabel (el sonido de los ángeles), un corazón (el mío) y las iniciales de mis hijas en papel de mariposas (así es como ella las imagina) y arriba del todo la palabra "sempre" (siempre).


Hubo un tercer regalo, para el futuro. Un cuento (que tanto me gustan) titulado El mundo al que vienes. Es un cuento para contarle a mi bebé durante un futuro embarazo. A mí me ayudará a crear ese vínculo que tanto temo y también así "convencer" a mi futur@ hij@ para que se quede con nosotros. Es un libro con imágenes que me encantan, con diferentes pestañas, que explica lo bonito e increíble que hay en este mundo, y algunas cosas no tan bonitas... Me encanta especialmente la frase final: Pero seas como seas, nosotros aquí ya te hemos hecho un hueco y te esperamos con nuestra mejor sonrisa nueva.

Hoy me siento especialmente afortunada. 

Gràcies, nyasso! T'estimam!

Júlia, Aina i la seva mamá

dijous, 4 d’abril del 2013

El mar de mis hijas

"El mar es tripa" escuché decir una vez. Estoy de acuerdo. El mar me conecta con mi parte más visceral y eso es muy complicado en alguien tan cerebral como yo.

Quizás por ello decidí ubicar a mis hijas en el mar. Realmente allí no están sus cuerpos. No los recuperamos, ni siquiera sabíamos que fuera posible. Pero no importa. Allí dejamos ir sus flores, sus símbolos. En el mar nos despedimos de ellas, las dejamos ir. En el mar las siento cerca. 

Si hubiera podido hacerlo, allí hubiera dejado sus cenizas. No me imagino a mis niñas en un cementerio. Prefiero su mar, las olas, el viento, las rocas, la arena, el paseo hasta llegar allí... 

Hemos ido a pasar unos días al mar de nuestras hijas. "A llevarles flores a las niñas" que decimos nosotros. Les llevamos las que nos regalaron en Semana Santa. ¡Vaya olas! Las flores no hacían más que volver a la orilla, una y otra vez. 


Así que el papá les preparó un jarrón natural de roca y agua salada.


El día después el mar se había calmado y fuimos a la playa. Las olas habían llevado a la orilla una gran cantidad de piedras. Con ellas escribimos su nombre en la arena.



Es bonito hacer estos rituales ahora, cuando el dolor ya se fue. Se queda otro sabor de boca, todo es dulzura. Había risas porque los perros querían coger las piedras y se unían a escarbar si intentaba escribir en la arena. Se ve que ellos querían colaborar también. Fue bonito y agradable.

Han sido días preciosos de pareja, de familia. Disfrutando de mi vida, de ésta, de la de ahora.

divendres, 29 de març del 2013

Semana Santa

No soy muy devota de las procesiones de Semana Santa. El año pasado, con la excusa de acompañar a mi madre, fui a verla después de muchos años sin participar. Hacía casi un mes que Aina no estaba con nosotros y no pude reprimir las lágrimas. La mezcla del clima que se crea junto con mi tristeza fue una bomba de relojería. 

En realidad creo que desde que perdí a Aina tengo la sensibilidad a flor de piel, o quizás es que ya no me incomoda llorar públicamente, mostrar la parte de mí más vulnerable. Otra de las cosas que he aprendido.

Este año no he vuelto, pero me han traído una parte a casa. Mi cuñada forma parte de una cofradía y este año el paso del Sant Crist estaba adornado con gerberas rosas. Esta tarde mi hermano y ella me han traído  dos a casa.

Aquí están, en su rinconcito

Me hacen tanta ilusión estos detalles... Mil gràcies!

Si mi vida hubiera sido otra, quizás este año hubiera ido con una de mis hijas a recoger "confits". Pero ya sabemos que no esa no es mi vida. Aún así ellas siguen estando presentes.

dimecres, 27 de març del 2013

Las personas que te quieren

Las personas que te quieren no siempre están ahí. A veces necesitan de un tiempo y un espacio, necesitan alejarse y tú de ellos. Tiempo para intentar comprender, tiempo para que el dolor se calme, tiempo para pensar, para echar de menos...

Lo importante es que siempre vuelven, cuando es el momento, cuando se han curado heridas y el tiempo pasado te permite otra visión, de lo dicho, de lo hecho y de lo que no se dijo ni se hizo. No importa. 

No hablo de perdón, siquiera. No hace falta perdonar ni que te perdonen. Hablar sí, explicar, quizás, cuáles fueron las razones, pero ya las sabemos... Al final todos hemos aprendido, sobre todo que nos queremos.

A veces hace falta poner el contador de "pecadillos" a cero y lo importante es el ahora. Ahora sé que estáis y sabéis que estoy. 

Gracias por haber entendido y aceptado a esta nueva yo, a esta mujer-mamá, con hijas invisibles, pero reales. Gracias también por haber contribuido a su recuerdo con estos bonitos pendientes (que ya me puedo poner).

Vos estimam.

Júlia, Aina i la seva mamà