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diumenge, 7 de juliol del 2013

Ariadna

Ayer estuvimos en el cumpleaños de Ariadna. ¡Dos años, ya!

Es una niña muy especial para mí porque, además de ser la hija de mi gran amiga, me conecta mucho con mi maternidad, con mis hijas.

Su mamá y yo fuimos a comprar la prueba de embarazo juntas. La mía fue negativa, pero la de su mamá mostró esa hermosa rallita que tanto nos emociona. Fui tan feliz...

Hace dos años, cuando nació y fuimos a conocerla, Júlia ya me acompañaba. ¡Qué bonita era y sigue siendo! La gente me decía que en unos meses me tocaría a mí. Por un lado me encantaba escucharlos pero, por otro, no lograba imaginarme con una pequeña personita en brazos... 

Ariadna fue el primer bebé que vi, el día después de perder a Júlia. Su mamá no estaba muy convencida, pero yo necesitaba verla y comprobar que es posible, que los bebés también viven y crecen. En mi duelo me ayudó a ver que la vida no se había parado.

Compartí con Aina la ropa que su mamá había llevado con Ariadna en su vientre. Al fin se la he devuelto, más de un año después. Necesitaba sacarla de casa, es una manera simbólica de aceptar mi vida como es y no por lo que puede ser. Ahora no la necesito.

Embarazada de Aina me permití hacer algunos planes: pensar que la ropita que llevaba Ariadna de bebé, la llevaría más tarde mi pequeña. Tenían que llevarse un año de diferencia.

No olvidaré su primer cumpleaños, en pleno duelo por Aina, las lágrimas y el abrazo de su mamá cuando me vio llegar. No sabia si asistir. Encontrarme con otros bebés que me recordaría constantemente que yo debería estar allí también con mi hija.

En este segundo cumpleaños también han estado esos bebés, ya no tan bebés, y no ha dolido su presencia. He recordado a mis hijas, cómo no, pero sabía que no debía estar allí con ellas, porque esa es otra vida.

Me emociono al pensar cómo será mi vida en su tercer cumpleaños... Sea como sea, será la mía. 

diumenge, 12 de maig del 2013

Un pueblecito de la costa

Mis padres compraron una casa al lado del mar. Recuerdo cuando toda la familia fuimos a verla para decidir si se hacía o no la compra. Yo estaba en la terraza de la casa, pidiéndole a una canica, mi bolita mágica, que mis padres aceptaran quedarse con ella. No sabéis la alegría que tuve cuando dijeron que sí. No podia imaginar lo especial que iba a ser ese lugar en mi vida.

Recuerdo correr por el bosque, pasear por las rocas del muelle, jugar con las olas del mar...

El disgusto se lo llevó mi padre, años después, cuando mi interés por ese pueblecito cambió. Ya no me apetecía la tranquilidad del lugar. La adolescencia tiene estas cosas. Aunque siempre me ha servido como lugar de retiro, sentarme a la orilla del mar, escribir, pensar, llorar... Si ese mar hablara...

Pero el tiempo pasa, las aficiones, los gustos y los intereses cambian. Conocí al papá y ese precioso pueblecito empezó a ser especial para nosotros. Después de un fin de semana maravilloso allí, decidimos empezar una vida como pareja. Hemos disfrutado de bonitos días de familia humano-animal. ¡Tenéis que ver lo bien que lo pasan Nano y Truc! La de veces que hemos dicho que si el trabajo no estuviera tan lejos viviríamos allí.

Sobre todo se ha convertido en un lugar ligado con mi maternidad. ¡Menudos paseos y baños nos hemos dado Júlia y yo en sus playas!

Pero sobre todo, está ligado con Aina.

Fue allí donde llego la ansiada menstruación que me daba "luz verde" para intentar de nuevo la búsqueda.

Fue allí donde la concebimos.

Fue allí donde, después de un paseo con llanto, me senté en esa terraza y le escribí estas palabras, sin saber que ya había llegado a nuestras vidas. Escribí una entrada con ellas 08/11/11 o una intuició, y hoy os la dejo traducida:

No sé a quién escribo. Ni siquiera sé si empiezas a existir. ¡Ojalá!
Me da cosa ilusionarme. Tengo miedo. Estoy contenta. Son mezclas de sensaciones.
Me gusta pensar que quizás existes dentro de mí, pero no quiero creer que sea así.
No quiero ser impaciente porque sé que llegarás. Pero no puedo evitarlo.
Imaginarte...
¿Algún día llegarás? Se hace extraño pensarlo. ¡Me apetece tanto!
¿mi cuerpo cambia realmente o es mi imaginacion?
¿Son las ganas? ¿La impaciencia?
Fue madre un momento y ahora ya no. Es tan extraño...
Te echo de menos y no te conozco. Ni siquiera eres.
El mar me recuerda a ti. No es un Tú personal, es una idea de ti.
Quizás ni te guste el agua.
Quizás me recuerde a mí.

Fue allí donde nos dimos largos paseos, ya consciente de su existencia.

También hubo momentos malos, de ansiedades y miedos de perderla.

Por ello fue allí donde elegimos despedirla, junto con su hermana, donde hemos hecho gran parte de los rituales especiales para ellas.

También allí es donde he decidido reconciliarme conmigo misma, con mi cuerpo, corriendo y nadando desnuda en ese mar, saltando en el agua, riendo y gritando, sintiéndome viva, parte de esa preciosa naturaleza y disfrutar de esta vida que tengo ahora, sin pensar más allá. 

Soy mujer, soy poderosa, me repito.

La bolita era mucho más mágica de lo que yo podía imaginar.

dijous, 18 d’abril del 2013

Historia de un cojín

Estoy vaga, vaguiiiiiiísima, con las tareas de la casa. Tengo que reconocerlo. La verdad es que nunca han sido mi fuerte, pero últimamente ¡qué pereza me dan! Por suerte o por causalidad (he retirado la palabra "casualidad" de mi vocabulario), el tiempo atmosférico ha decidido ponerse de parte de mi casa y ha provocado que tenga que poner, al menos, orden en los armarios. Eso o me resignaba a asarme en los jerséis de cuello alto. De todas maneras, bienvenido sea el solecito.

Tiene su encanto eso del "cambio de armario". Descubres prendas de ropa, zapatos y demás que no recordabas. ¿También os pasa? Hace hasta ilusión pensar en ponértelo de nuevo. Muchas de las prendas traen consigo un recuerdo de lo vivido el año o años anteriores. Inevitablemente mis recuerdos de la temporada primavera/verano de los dos últimos años están ligados a mis hijas, con Júlia y sin Aina.

Qué razón tenía Mónica Álvarez en el artículo que compartí en una entrada anterior: los hijos marcan tu historia. Dejan huella incluso en aspectos tan cotidianos como la ropa que nos ponemos: la camiseta que tanto me gustaba porque dejaba entrever mi vientre y que ahora marca una barriguilla que no me emociona tanto, el pantalón que dejé de llevar porque no lo podía abrochar, el vestido que llevaba el día que me despedí de Júlia, alguna ropa premamá que me prestaron y que aún no he podido/querido devolver... 

Una parte de nuestra historia ha quedado impregnada en esa ropa y no sé si podrá irse, por muchas lavados que sufran. Me pregunto que haré con ellas cuando ya no me las ponga. Esa prendas no sirven para trapos... 

Me ha emocionado especialmente reencontrarme con el cojín de lactancia. Estaba en el altillo del armario, esperando en su "casita" de plástico, junto a las cajas de los zapatos y sandalias. Realmente sabía que estaba allí, pero verlo de nuevo...

Debía estar acabando el primer trimestre del embarazo de Júlia. Solía dormir bocabajo, pero mi barriga se hizo evidente muy pronto y me sentía incómoda en esa postura. Entre la incomodidad y mis temores, no había manera de conciliar el sueño. Pensé que si arreglábamos lo de la postura, quizás el resto... La verdad es que funciona, no quitó el miedo, pero me ayudó a sentirme cómoda de lado. Es curioso pero ya no he vuelto a dormir bocabajo, incluso sin cojín.

Fuimos a comprarlo mi madre y yo. ¡Con las ganas que tenía mi madre de comprar cositas para el/la nieto/a! Ya sabéis que yo era muy reticente a las compras, pero eso no era propiamente para el bebé, al menos de momento. Aunque esperaba que mi hij@ lo utilizara algún día.

Llegamos a la tienda y pedimos, mientras miro de reojo la ropita de bebé. Aún no, es demasiado pronto, me digo para mí. ¿Por qué me cortaría las alas yo misma? No hacía falta comprar nada, pero me hubiera gustado permitirme mirar, imaginar e ilusionarme. ¡Era mi primer embarazo!

La dependienta de la tienda nos pregunta ¿es para niño o niña?. Es eso tan importante para un cojín de lactancia?, me pregunto. Es que sólo me queda uno y es rosa, nos aclara al ver nuestras caras de asombro. No importa, ¡es para mí!, le digo riendo. Quizás fuera causalidad...

Tengo que reconocer que lo del rosa y el azul me pone de los nervios. Me alegré incluso de que fuera rosa, porque yo imaginaba que sería niño (no me ganaría la vida como adivina) y esa era una buena manera de rebelarme contra ello. Aunque al final, sin pretenderlo, he caído en la tentación y elegí el rosa para las flores de mis hijas. Será que de tanto rosa y azul de generación en generación se ha quedado grabado en el ADN.

Y con ese cojín compartimos noches Júlia y yo. Al irse lo compartió con su hermana. Seguí un tiempo durmiendo con él también después de su partida. Ya me había acostumbrado. Noches mejores y peores, algunas de insomnio, viendo la tele. ¡Qué difícil era darse la vuelta! En verano, con Júlia, no hubo problemas, pero durante el invierno, con Aina, entre nórdico y cojín, cada vez que me movía destapaba al papá. ¡Pocos resfriados ha tenido!

Esta entrada tiene muchas etiquetas. Un simple cojín me ha trasladado a los días con y sin Júlia, con y sin Aina. Me deja con una sonrisa (y algo de nostalgia) para irme a la cama, sin cojín. De momento no hace falta.

Os dejo una fotito del susodicho. Sé que no hace falta, quién más quien menos sabe lo que es. Pero, ¿a que no sabíais que con él también se pueden escribir? Os dejo la J de Júlia. Al fin y al cabo es su cojín.

dijous, 21 de març del 2013

Mi vida con ellas

Una buena amiga me recomendó que hiciera un diario con todo aquello que había vivido con cada una de mis hijas. Fue tan poquito el tiempo que compartí conscientemente con ellas que esta sería la manera de darme cuenta de todo lo que vivimos juntas y poder tener recuerdos de esos momentos.

Además me ayuda a diferenciar cada uno de los embarazos, a poder dar más identidad propia a Júlia i Aina. Es tanto lo que tienen en común que cada una de ellas merece su propio lugar en nuestra vida. Así que he creado dos nuevas etiquetas: "Mi vida con Júlia" y "Mi vida con Aina".

Ha pasado mucho tiempo y es algo complicado recordar. ¡Ojalá utilizara mejor la agenda! Pero voy a intentarlo. A aquellos y aquellas que me leéis y habéis compartido momentos de mi vida, os agradecería que me echarais una mano. Otras cositas ya las he contado por aquí alguna vez y sólo tendré que recuperarlas.

Me da a mí que va a ser divertido, emocionante y sanador!