dimecres, 27 de febrer de 2013

Siguen conmigo

En SUA solemos hablar de "angelitos" para referirnos a los bebés que se han ido antes de tiempo. Reconozco que esa imagen de un lugar mágico que comparten mis pequeñas con otros niños y niñas me parece muy bonita. Es cómo volver a ser niña, volver a acoger la magia en mi vida.

El otro día una mamá hizo un comentario explicando que ella era atea y no creía en los ángeles, que su hija simplemente (y desgraciadamente) había muerto. Y me dio que pensar.

Yo tampoco creo en dios, ni en ninguna religión. Mi imagen de esos angelitos y del cielo, está muy lejos de aquello que me enseñaron las monjas en la escuela. Me gusta la imagen que me viene a la cabeza cuando imagino ese lugar de luz porque me provoca una sonrisa, que faltos estábamos últimamente, y porque, entre otras cosas, nadie puede llevarme la contraria en eso (al menos que haya muerto alguna vez).

Pero a parte de ese "cielo" que comparto con las mamás de SUA, tengo mi propia interpretación sobre la muerte.

Mis hijas "están" de alguna manera. Quizás no son ellas, ni su alma, quizás es su energía (?). No sé como llamarlo... Mis niñas están en el viento que sopla en mi cara, en las flores que tanto me gustan, en la calma y la furia del mar, en el arcoiris después de la lluvia, en los rayos de sol que entran por la ventana. Y están ahí porque, al ver todas esas cosas bellas, que tan bien me hace sentir, me viene su imagen a la mente, conecto con ellas, las "siento" cerca... Siguen aquí porque las recuerdo y, "mientras alguien te recuerda, nunca mueres del todo" (¿dónde he escuchado yo esto?) Es una inyección de energía.

¿Queréis más razones? Pues me pongo científica.

Parece que se ha descubierto que el cerebro de la madre almacena células en su cerebro procedentes de sus hijos durante la gestación. Para ver el artículo aquí.

Esto viene a demostrar que mis hijas siguen conmigo, al menos una pequeña parte de ellas, y en mí seguirán durante años. ¿No es impresionante? Algo que las mamás de bebés de luz sentíamos y no sabíamos explicar, va la ciencia y nos lo cuenta. Será que no estamos tan mal de la cabeza...

Besitos al cielo para tod@s los angelit@s

dilluns, 25 de febrer de 2013

Me gusta hablar de mis hijas (I)

Algo ha cambiado... No sé si en mí, en los demás, en ambos... Quizás ha sido suerte...

El otro día hablábamos con la terapeuta de que una de las partes más bonitas de reunirme virtual o físicamente con otras mamás de bebés del agua es la sensación de normalidad que se respira. Es lo más difícil de encontrar "fuera". Quizás es cierto que la única manera de darle normalidad es que las madres y padres que hemos pasado por ello, empecemos a no esconder, a hablar de nuestros hij@s como parte de nuestra vida. 

Todo esto es muy difícil en pleno duelo. Imagino que era una manera de protegerme frente a posibles comentarios inoportunos e hirientes. Me sentía tan vulnerable... A veces ni siquiera era capaz de entenderme a mí misma, como para hacer entender a los demás... Es muy difícil poner palabras a tal cantidad de sentimientos.

Pero quizás la idea no es que ellos entiendan, sino que yo pueda expresar libremente. No queda más remedio que respetar que hay personas que piensan de manera diferente.

Pero el tiempo pasa, el duelo avanza y algo cambia.

Me hace gracia como algunas personas de mi alrededor han empezado a mostrar interés por nuestra historia. Puede que al verme más fuerte, no les de tanto reparo preguntar. Aún así lo siguen haciendo con mucho cuidado: "Si no te importa contarlo...", "no respondas si no te apetece...". Lo agradezco, pero me resulta gracioso. Como yo les digo: "¿A ti no te gusta hablar de tus hij@s? A mí también". Y me quedo tan ancha, riendo por lo bajo, con alguna de las caras que ponen.

Y es que es así, me encanta hablar de mis hijas. Simplemente, fueron y son lo mejor de mi vida. Sí, es una lástima no poder disfrutarlas pero, ¿y todo el tiempo en que pude tenerlas conmigo? ¿Y todo lo que recibo de ellas cada día a pesar de su ausencia física? Eso bien merece la pena contarlo.

dijous, 7 de febrer de 2013

Onze i disset mesos

A la fi he arribat a casa... No sé que em passa els dies 7 que sempre sol tenir més "històries". No sé si les estic cercant inconscientment o és "l'univers" que ho provoca. Jo que cada 7 estic desitjant arribar a casa, encendre les vostres espelmes i parlar una estoneta amb vosaltres...

Avui m'he sorprès tant en veure el temps que ja ha passat... 17 i 11 mesos... Preparant el primer aniversari de n'Aina... Ho tenc tan present encara, hi ha imatges que no em puc treure del cap, que encara arriben amb força...

Avui estic contenta perquè a més he pogut parlar de vosaltres en diferents moments i amb diferents persones i amb cap d'elles ha estat desagradable. Quina gran passa! 

Una de les converses ha estat amb una petitona de gairebé 3 anys. Curiosament era un moment en que estava en el bany, ajudant a rentar-se a dues nines que per casualitat tenen el vostre nom: Júlia i Aina. N'Aina sempre em toca l'anell de les floretes i qualque vegada m'ha demanat per ell. Avui ha vist la polsera i m'ha demanat ¿perquè dus dues floretes aquí (anell) i allà (polsera)?. Li he explicat: La floreta més petita és d'un bebé que nom Aina, com tu. La flor més gran és d'un bebé que nom Júlia, com ella. M'ha fet una gran rialla, sembla que li ha agradat la meva resposta, i a mi explicar-li.

Vos estim, floretes meves. Sabeu que ara estic intentant fer una passa més gran, enorme. Sabeu que estic esperant el vostre gran regal, sense presses. Sigui com sigui, sabeu que no us oblidaré mai, que sempre sereu les meves filles, les meves floretes.

Avui vull tenir un record especial per en Gonzalo, que fa el seu primer any en el vostre lloc de llum. La seva espelma s'encén avui junt amb les vostres. Sé que us agradarà. Feliz cumpleaños, Gonzalo! Un abrazo enorme, Pilar.

dimecres, 6 de febrer de 2013

Los días difíciles

Siempre que escribo aquí intento ser optimista. Prefiero que en aquello que escribo, a pesar del dolor que pueda sentir, se vea ante todo el amor que siento por mis hijas, lo agradecida que estoy por el tiempo compartido con ellas y todo lo aprendido a raíz de su partida.

Pero creo que también debo escribir, al menos de vez en cuando, de la parte más amarga del duelo. Si me decidí a hacer público este blog es porque pensaba que mis palabras podrían ayudar a familias que hubieran pasado por situaciones semejantes a la mía. Por ello es necesario normalizar los momentos más duros que inevitablemente pasamos.

Mañana hace 11 meses que Aina nos dejó, pero algunas veces sigue siendo difícil. Llegan sin avisar, de repente todo se hace cuesta arriba, hasta lo aparentemente sencillo. Una imagen, una palabra, una canción... te remueven por dentro. Conozco bien esta sensación, sé que es  normal que me pase y sé que tengo que hacer cuando llega. Son días de estar tranquila en casa, de refugiarme, de llorar, de permitirme sentir... Esto lo tengo más o menos controlado. 

Pero hace unos días que llegó un bajón de los grandes, de los que hacía tiempo que no tenía. Estaba harta del duelo. De sentir dolor, pena, tristeza... Harta de luchar e intentar encontrar consuelo, suponía un esfuerzo demasiado grande. Tenía ganas de abandonar mi cuerpo y mi mente por un día, unos horas, descansar de esta mujer-madre y volver a la mujer que era hace unos años, cuando me sentía feliz sin necesidad de tener hijos conmigo.

Sé la razón de esto: ahora ya podemos intentar ser padres de nuevo y han llegado todos los miedos. Miedos que aún no había tenido que afrontar cara a cara. Estos no los controlo, no son sensaciones familiares como las otras.

Cuando al final fui capaz de esclarecer de donde provenía mi miedo, vino la tristeza, la pena por mí misma, por esa inocencia perdida, por ese embarazo de cuento de hadas que no voy a poder tener (o puede que sí, amiga). Algo aparentemente sencillo como tomar ácido fólico para mí se convierte en una cuestión de vida o muerte. ¿Lo tomo o no? ¿Qué marca? ¿Qué cantidad? ¿Natural? ¿De la farmacia? ¿En la alimentación?... Es lo habitual, lo toman muchas mujeres pero, ¿y si fuera contraproducente para mí? La cabeza no para con algo tan simple como esto, ¡imagínate con otras cosas! Es realmente complicado.

Pero como me gusta decir a mí, el sol siempre vuelve a salir. Al final siempre llega mi yo optimista que quiere creer que es posible y que ese hij@ llegará, algún día, de alguna manera.

Intentarlo o renunciar, sólo tengo dos opciones. Como dice una buena amiga, mientras nos quede la ilusión podemos seguir intentándolo. Y de ilusión, ¡tengo mucha!

Gracias a mis amigas y compañeras de SUA por haber estado ahí. Si no fuera por ellas, por su apoyo, por su escucha, este camino sería mucho más complicado.